Un equipo de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), en Ecuador, analizó el ADN de los cafetos de una finca de café de especialidad del sur del país y comprobó que dos de los cuatro tipos de planta comprados como Sidra y Gesha no correspondían a la variedad declarada. El trabajo se publicó en julio de 2026 en la revista Frontiers in Plant Science.
Es un estudio de caso, de una sola finca, pero pone sobre la mesa un problema muy incómodo para el café de especialidad: cuando pagas por una variedad concreta, ¿cómo sabes que es esa la que estás plantando?
Qué compró la finca y qué encontró el ADN
La historia empieza en VINKA Coffee Farm, una finca de Loja situada a 1.660 metros de altitud. Sus responsables compraron a proveedores comerciales semillas etiquetadas como Sidra, a 100 dólares el kilo, y como Gesha, a 500 dólares el kilo. Las semillas no venían con certificación genética ni fitosanitaria, algo habitual en los sistemas informales de semillas de muchos países productores.
De unas 4.000 plantas de «Sidra» y unas 250 de «Gesha» salieron cuatro grupos de plantas con aspecto distinto (morfotipos). Según la nota de prensa de la universidad, los cafetos crecieron durante unos tres años antes de que las diferencias en el campo llevaran a comprobar su identidad. Los investigadores combinaron dos herramientas:
- Huella genética con 11 marcadores microsatélites (SSR), analizando una planta representativa de cada morfotipo.
- Medidas morfológicas de la arquitectura de la planta, las hojas y los frutos, en 10 plantas por morfotipo.
Los resultados fueron estos:
- Dos morfotipos sí eran Sidra, dentro del grupo genético que los autores llaman «núcleo etíope».
- Un morfotipo vendido como Sidra resultó compatible con Batian, una variedad compuesta de origen keniano que procede de cruces complejos con introgresión del Híbrido de Timor y que no está emparentada genéticamente con las variedades tradicionales etíopes.
- Las plantas vendidas como Gesha eran una variedad tradicional etíope pura, genéticamente parecida pero no idéntica a la accesión de referencia del Geisha panameño (T.02722): se diferenciaba en 2 de los 11 marcadores. Los autores la han bautizado provisionalmente como «Evangelina», solo para la trazabilidad dentro de la finca.
Además, la morfología ayudó bastante: un análisis discriminante clasificó bien el 82,4 % de las plantas, y el rasgo que más pesaba era la longitud de los entrenudos, es decir, la distancia entre los puntos de crecimiento de las ramas.
Un dato curioso sobre el origen de la Sidra
El estudio deja también una pista sobre la propia variedad Sidra, la estrella ecuatoriana de los campeonatos. Las plantas confirmadas como Sidra se situaron en el núcleo genético etíope, lo que, según los autores, encaja con análisis previos y con que sea una variedad tradicional etíope seleccionada, y no una variedad de origen híbrido.
Por qué importa: tres o cuatro años para descubrir el error
En el café de especialidad, la variedad es parte del precio. Un lote de Gesha se paga como Gesha porque se da por hecho que lo es. El problema es el tiempo: un cafeto tarda tres o cuatro años en producir de forma significativa, así que un error en la semilla puede no detectarse hasta después de años de trabajo e inversión. Para entonces, la cosecha que el productor esperaba vender en un mercado concreto puede no ser la que tiene.
Verificar la identidad de una variedad con análisis genéticos puede ser caro o difícil de conseguir para muchos productores. Por eso, según la nota de prensa de la UTPL, este caso «pone de relieve la necesidad de herramientas de identificación y sistemas de certificación accesibles para los productores».
Las limitaciones del estudio
Conviene leerlo como lo que es, un estudio de caso. Los propios autores señalan varias limitaciones:
- Se analizó genéticamente una sola planta por morfotipo, así que no se conoce la diversidad dentro de cada grupo.
- La asignación a Batian es de «compatibilidad», no una coincidencia exacta: Batian es una variedad compuesta sin un perfil de ADN de referencia único.
- Es una sola finca, de modo que no permite saber con qué frecuencia ocurre esto en Ecuador ni en otros países.
- La mortalidad por Fusarium redujo algunas muestras, y no se evaluaron ni el perfil en taza ni la productividad.
El equipo quiere ampliar el trabajo a más plantas y más fincas para crear referencias genéticas y morfológicas más sólidas y desarrollar formas de verificar el material vegetal antes de que llegue al campo.
La mirada de Coffee Sapiens: qué significa para quien compra café
Para quien toma café en casa, este estudio no dice que tu bolsa de Gesha sea falsa. Habla de semillas para plantar, no de café tostado, y de un único caso. Pero sí recuerda algo que en el mundo de la especialidad a veces damos por supuesto: el nombre de la variedad en la etiqueta depende de una cadena de confianza que empieza en un vivero, años antes de la cosecha.
También ayuda a entender por qué las variedades de moda, como el Gesha, la Sidra o el Wush Wush, son tan delicadas comercialmente. Cuanto más se paga por un nombre, más importa poder demostrarlo. Y el caso de Batian, una variedad keniana de un linaje muy distinto (si te interesa ese mundo, tienes nuestro artículo sobre SL28 y SL34 más allá de Kenia), muestra que el error no siempre es un pariente cercano: puede ser algo genéticamente muy alejado de lo que se pagó.
La buena noticia es que la ciencia ofrece herramientas relativamente sencillas, desde unos pocos marcadores de ADN hasta medir los entrenudos de las ramas, que podrían ayudar a los caficultores a no plantar a ciegas.
Fuentes
- Tapia-Armijos, M. F., Gusmán-Montalván, E., Vélez-Mora, D. P. e Iñiguez-Armijos, C. (2026). What you plant may not be what you bought: morphological and genetic discordance in specialty Coffea arabica L. cultivars from Ecuador. Frontiers in Plant Science, 17. DOI: 10.3389/fpls.2026.1868034
- EurekAlert!: Genetic analysis reveals that some specialty coffee seeds do not match their commercial identity (nota de prensa, octubre de 2026)
- Fresh Cup: Coffee News Club: Week of October 19
A mí este tipo de estudios me encantan porque nos llevan al origen de todo, a la semilla, mucho antes del tueste y de la taza. La próxima vez que veas «Gesha» o «Sidra» en una etiqueta, piensa en todo lo que tiene que salir bien para que ese nombre sea cierto. ¡Gracias por estar ahí Coffee Lover!

Soy Javier Romero, especialista en Marketing Digital, Coffee Lover y redactor de Coffee Sapiens.
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