Un metaanálisis publicado en septiembre de 2026 en Frontiers in Nutrition reunió 14 ensayos aleatorizados con 250 participantes de entre 10 y 20 años para responder a una pregunta muy de época de exámenes: ¿una dosis de cafeína mejora de verdad la atención y la velocidad mental en gente joven? La respuesta es que sí, pero de forma modesta, y con matices que conviene conocer antes de llenar la taza.
Qué se estudió y cómo
El trabajo lo firma un equipo de varias universidades chinas, entre ellas la Universidad del Deporte de Pekín, la Universidad del Deporte de Hebei y la Universidad Jiaotong de Dalian. Es una revisión sistemática con metaanálisis, registrada de antemano en PROSPERO y elaborada según las guías PRISMA. Los autores buscaron en cuatro bases de datos hasta marzo de 2026 y solo incluyeron ensayos aleatorizados (paralelos o cruzados) que comparaban una toma puntual de cafeína por vía oral con un placebo.
Al final entraron 14 estudios, 250 personas (143 chicos y 107 chicas) y 37 medidas de efecto. La edad media era de 17,9 años y la más baja, 10,6. No es un grupo homogéneo: según las tablas del artículo, 8 estudios se hicieron con deportistas, 5 con población general y 1 con militares.
Un detalle importante para quien lee esto con un café en la mano: en ninguno de los estudios se usó café. La cafeína se dio sobre todo en cápsulas (10 estudios), en forma líquida (3) o en comprimido (1), con dosis de entre 1,18 y 6 mg por kilo de peso.
Qué encontraron: mejora más la rapidez que la precisión
En conjunto, la cafeína mejoró el rendimiento cognitivo frente al placebo con un efecto modesto: una diferencia de medias estandarizada de 0,41 (intervalo de confianza del 95 %: 0,28 a 0,55), con muy poca variación entre estudios. Por áreas, el resultado se reparte así:
- Atención: 0,55, el efecto más claro.
- Velocidad psicomotora (tiempos de reacción): 0,50.
- Función ejecutiva (pruebas tipo Stroop o Go/No Go, que miden control e inhibición): 0,34.
Hay un matiz interesante: la cafeína ayudó más a responder rápido (0,55 en tiempos de reacción) que a acertar (0,21 en precisión), aunque esa diferencia no llegó a ser estadísticamente significativa. Tampoco encontraron que la edad, la dosis, el sexo o el consumo habitual de cafeína cambiaran el resultado. Los autores califican la certeza de la evidencia como moderada según el sistema GRADE.
Las limitaciones que no hay que pasar por alto
El propio artículo es prudente. Su conclusión habla de un «apoyo provisional» al uso juicioso de la cafeína para la cognición, pero pide cautela por el escaso número de estudios y lo pequeños que son. Estos son los puntos débiles principales:
- Muestras muy pequeñas: unos 18 participantes de media por estudio.
- Solo efectos agudos: miden lo que pasa tras una única dosis, no la tolerancia, la abstinencia ni el consumo diario a largo plazo.
- Seguridad sin evaluar: los autores reconocen que los efectos adversos no se analizaron de forma sistemática en los estudios. Sí apuntan que las dosis altas se asocian a más sobreestimulación.
- Poblaciones dispares: deportistas de élite, estudiantes y militares en el mismo saco, y pocas mujeres.
- Datos parciales: solo 7 de los 14 estudios informaron del consumo habitual de cafeína, y el artículo tiene pequeñas incoherencias entre el resumen, el texto y las tablas.
Además, es un estudio sobre rendimiento en pruebas de laboratorio de pocos minutos. No mide notas, aprendizaje ni memoria a largo plazo (la memoria apareció en un único estudio).
Qué significa en la práctica
Lo más útil de este trabajo es poner cifras a algo que muchos intuimos: la cafeína despierta y acelera, pero no convierte a nadie en un genio. El efecto es real y modesto, y se nota más en la rapidez que en la exactitud.
Para menores hay que mirar también los límites de seguridad. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) propone para niños y adolescentes un nivel de seguridad de 3 mg por kilo de peso al día de consumo habitual. Cuatro de los estudios incluidos usaron dosis puntuales de 6 mg/kg, el doble. Para un chico de 50 kilos, eso son 150 mg al día contando todas las fuentes: café, refrescos de cola, bebidas energéticas y té.
Tampoco hay que olvidar el sueño. Hace unos días contamos cómo la cafeína en niños se asocia a dormir menos y a diferencias en el cerebro, y una revisión con electroencefalogramas mostró que la cafeína reduce el sueño profundo aunque no acorte las horas en la cama. Ganar unas décimas de atención por la tarde a cambio de dormir peor antes de un examen es mal negocio: el descanso es clave para consolidar lo estudiado.
Este artículo es divulgativo y no sustituye la consulta con un profesional sanitario, sobre todo si hablamos de menores o de personas con problemas de ansiedad, sueño o corazón.
La mirada de Coffee Sapiens
Que los ensayos usen cápsulas tiene sentido científico: así se controla la dosis exacta y se puede comparar con un placebo idéntico. Pero una taza de café no es una cápsula. La cantidad de cafeína varía mucho según el grano, la molienda, la ratio y el método. Un espresso corto y un café de filtro grande pueden llevar cantidades muy distintas.
Por eso estos resultados hablan de la cafeína, no del café como bebida. Sobre cómo interactúa la cafeína con la motivación y el foco ya hablamos en café y dopamina, y sobre cuánta cafeína es razonable en adultos, en el artículo sobre lo que dice la American Heart Association.
Fuentes
- Niu J, Li H, Wang Z, et al. Acute caffeine intervention and cognitive performance in populations aged 20 years and younger: a systematic review and meta-analysis. Frontiers in Nutrition, 2026. DOI: 10.3389/fnut.2026.1888658.
- EFSA. Caffeine (niveles de ingesta seguros para adultos, embarazadas, niños y adolescentes).
Me gusta este tipo de estudios porque bajan el café de los extremos: ni poción mágica para aprobar ni veneno. Si eres adulto y estás con exámenes, disfruta tu taza por la mañana, cuida las horas de sueño y deja la cafeína de la noche para otro día. Y si en casa hay adolescentes, mejor que el foco esté en dormir bien que en la cafeína. ¡Gracias por estar ahí Coffee Lover!

Soy Javier Romero, especialista en Marketing Digital, Coffee Lover y redactor de Coffee Sapiens.
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