Un equipo internacional coordinado desde el Laboratorio de Investigación Crossmodal de la Universidad de Oxford preguntó a casi 3.000 personas de 11 países cuánto les gustaba el café que tenían delante en ese mismo momento. El estudio, publicado en abril de 2026 en la revista npj Science of Food, apunta a un patrón bastante claro: el café se disfruta más solo, en taza de cerámica y por la mañana.
Cómo se hizo el estudio
La investigación, firmada por Georgiana Juravle, Charles Spence y otros once autores, es un trabajo de ciencia ciudadana. Entre abril de 2024 y febrero de 2025 se repartieron folletos en cafeterías y campus universitarios con un enlace a una encuesta de unos tres minutos que se respondía desde el móvil, sin compensación económica. La condición era sencilla: contestar mientras te tomabas un café.
Participaron 3.004 personas de cinco continentes, 77 nacionalidades y siete idiomas; tras eliminar respuestas atípicas quedaron 2.987. Cada participante puntuaba de 1 a 10 cuánto le gustaba ese café y anotaba su precio, el tipo de taza, lo que le había añadido, la hora, el día de la semana, la estación del año y sus hábitos de consumo. Después, los investigadores cruzaron todas esas variables con varios modelos estadísticos.
Un dato de partida: a la gente le gusta su café. El 70,88 % de las puntuaciones fueron de 8 o más y casi un tercio (32,77 %) le dio un 10.
Qué se encontró: los factores que más pesan
Cuanto menos se añade, más gusta
El café solo obtuvo una media de 8,30, frente a 8,09 cuando llevaba uno o dos ingredientes añadidos y 7,74 cuando llevaba más de tres. El azúcar fue el añadido peor parado: se asoció con una bajada significativa de la valoración. La leche, en cambio, dio resultados mixtos: en uno de los modelos se asoció con una valoración media algo más alta, pero también con menos probabilidad de recibir la nota perfecta.
La taza importa
El café servido en taza de cerámica sacó una media de 8,25, por encima del vaso de plástico (7,85) y del vaso de papel (7,82), el peor valorado. No es una sorpresa para quien haya seguido el trabajo de Charles Spence, que lleva años estudiando cómo el color de la taza o su peso cambian la forma en que percibimos el sabor.
Por la mañana, en primavera y entre semana
El momento también cuenta. El café de la mañana se valoró con un 8,38, el de mediodía y tarde con un 8,01 y el de la noche con un 7,69. Por estaciones, la primavera ganó (8,55), seguida del invierno (8,39), el verano (8,20) y el otoño (7,82). Incluso el día de la semana dejó huella: el miércoles fue el día en que más se disfrutó el café y el martes, el que menos (7,84).
Precio, hábito y generación
Los cafés más caros (comparando precios ajustados por paridad de poder adquisitivo) se asociaron con valoraciones más altas. Quienes más disfrutaban su café eran también quienes tomaban alrededor de cinco tazas al día. Por generaciones, la Z fue la menos entusiasta (7,94), por debajo de la generación X (8,34) y los milenials (8,24). Y en los baby boomers, cada hora más tarde que se levantaban se asociaba con 5,7 puntos porcentuales menos de valoración prevista.
Lo que el estudio no puede decir
Conviene leer estos datos con calma. Es un estudio transversal basado en lo que cada persona declara, así que muestra asociaciones, no causas: no demuestra que pasar el café a una taza de cerámica lo haga más rico. La muestra es sobre todo urbana y por conveniencia, con un peso muy desigual entre países (Turquía aportó 871 participantes, casi un tercio del total). Tampoco se midieron el tueste, el origen, la acidez ni la intensidad aromática del café, ni el estado de ánimo, el estrés o el cansancio de quien lo tomaba. Los propios autores reconocen estas limitaciones.
Hay explicaciones alternativas razonables para varios resultados. Quien toma el café en vaso de papel suele hacerlo con prisa y de pie; quien paga más probablemente está en una cafetería mejor; y quien bebe cinco tazas al día es, por definición, alguien a quien le gusta mucho el café. Aun así, los autores concluyen que sus resultados «trazan un perfil sólido para maximizar el disfrute del café».
Qué significa para quien toma café
Más allá de los matices, el estudio encaja con algo que la investigación sensorial lleva tiempo señalando: el sabor no está solo en la taza, también en el contexto. La iluminación y el color del entorno o la acústica de la cafetería influyen en cómo lo percibimos. Si quieres sacar más partido a tu café de cada día, algunas ideas que se desprenden del trabajo:
- Prueba tu café solo antes de añadirle nada. Si es un buen café, puede que el azúcar sobre.
- Cuando puedas, cambia el vaso de cartón por una taza de cerámica o de vidrio.
- Dale al café de la mañana el tiempo que merece, sin prisa.
La mirada de Coffee Sapiens
Lo que más me llama la atención es la parte del azúcar. En cafés comerciales de tueste oscuro, el azúcar se usa para tapar el amargor; en un café de especialidad bien tostado y bien extraído, ese dulzor ya está en la taza. El estudio no midió el tipo de café, así que no puede confirmarlo, pero sí apunta en la misma dirección: quienes lo toman solo lo disfrutan más. Mi lectura es que, cuando el café es bueno, no hace falta disfrazarlo.
Fuentes
- Juravle, G., Spence, C. et al. (2026). «A multi-country citizen-science study on what makes us enjoy a cup of coffee». npj Science of Food, 10, 208. DOI: 10.1038/s41538-026-00832-5
A mí me ha hecho pensar en cuántas veces me he tomado un café estupendo en un vaso de cartón y con prisa, sin darle la oportunidad de lucirse. Esta semana pienso hacer la prueba: mismo café, taza de cerámica, sin azúcar y con cinco minutos de calma. Si te animas a hacerla tú también, cuéntame qué notas. ¡Gracias por estar ahí Coffee Lover!

Soy Javier Romero, especialista en Marketing Digital, Coffee Lover y redactor de Coffee Sapiens.
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